5 a 11 de junio – Jeremías 51 a 52

¿Qué le ha enseñado sobre Jehová la lectura bíblica de esta semana?

Respuesta 1:

El profeta Jeremías predijo la destrucción que sufrió Jerusalén en 607 antes de nuestra era. Además, indicó que el pueblo de Dios sería conducido al cautiverio, el mensaje que el profeta tenía para los judíos cautivos en Babilonia era muy importante. Estos no debían dejarse contaminar por la religión falsa de aquel lugar, pues así estarían listos para volver a Jerusalén y restaurar la adoración pura cuando llegara el momento fijado por Dios. Y el momento llegó, miles de judíos aprovecharon la oportunidad y volvieron a su país (Esd. 2:64-67). Al hacerlo, cumplieron el mandato profético de Jeremías de huir de Babilonia, tal como leemos en  Jeremías 51:6, 45, 50.  Este pasaje de la biblia me enseña sobre la santidad de Jehová y lo que él espera de sus siervos con relación a la religión falsa, nunca dejarnos contaminar por sus prácticas engañosas. Los cristianos verdaderos sabemos qué le espera a Babilonia la Grande; por eso tenemos la obligación de avisar a sus miembros. Si alguien se interesa en el mensaje de la Biblia, lo invitamos a que estudie con nosotros, esperando que vea la necesidad de “[huir] de en medio de Babilonia” antes de que sea demasiado tarde (Rev. 18:4). (w08 15/6 págs. 8-9 párrs. 8-11)

¿Qué otras perlas espirituales ha encontrado en la lectura bíblica de esta semana?

Respuesta 1:

Jehová también reveló por medio de Jeremías el destino de cuatro reyes judíos. ¿Qué sería del último rey, Sedequías? Jeremías anunció que Jehová lo entregaría en manos de sus enemigos, quienes no tendrían compasión de él (Jer. 21:1-10). Efectivamente, los enemigos lo apresaron , puesto que entonces Sedequías no tenía más que treinta y dos años, los muchachos no podían haber tenido muchos años, los degollaron en su presencia, le sacaron los ojos y se lo llevaron a Babilonia, donde murió (Jer. 52:8-11). Sí, todas estas profecías se cumplieron al pie de la letra. (jr cap. 13 págs. 158-159 párr. 10)

Respuesta 2:

Finalmente, Jerusalén cayó ante Nabucodonosor en 607 a. E.C., después de un sitio de dieciocho meses. (2Re 25:1-4.) En esta ocasión se sacó de la ciudad a la mayor parte de sus habitantes. A algunos de los de condición humilde se les permitió permanecer “como viñadores y trabajadores bajo obligación”, con Guedalías como gobernador en Mizpá. (Jer 52:16; 40:7-10; 2Re 25:22.) Los babilonios se llevaron cautivos, entre otros, a “algunos de los de condición humilde del pueblo y a los demás del pueblo que quedaban en la ciudad y a los desertores […] y a los demás de los obreros maestros”. La expresión “que quedaban en la ciudad” parece dar a entender que muchos habían perecido debido al hambre, la enfermedad o el fuego, o que habían muerto en la guerra. (Jer 52:15; 2Re 25:11.) A los hijos de Sedequías, los príncipes de Judá, los oficiales de la corte, ciertos sacerdotes y muchos otros ciudadanos importantes se les ejecutó por orden del rey de Babilonia. (2Re 25:7, 18-21; Jer 52:10, 24-27.) Esto explicaría el número tan reducido de exiliados, ya que el total indicado en Jeremías 52:29 ascendía únicamente a 832, probablemente los cabezas de sus casas, sin contar ni a sus esposas ni a sus hijos. (it-1 págs. 445-446)