1 al 7 de mayo – Jeremías 32 a 34

¿Qué me enseña sobre Jehová la lectura bíblica de esta semana?

En el ocaso del reinado de Sedequías, cuando los babilonios sitiaron Jerusalén, Jeremías dijo en el Cap. 32 versículo 19 que Jehová es Aquel “cuyos ojos están abiertos sobre todos los caminos de los hijos de los hombres, a fin de dar a cada uno conforme a sus caminos y conforme al fruto de sus tratos”. Estas palabras indican que el profeta entendió cuál es la postura de Jehová en materia de justicia e igual a mi me enseña que el Altísimo observa lo que hace cada uno de sus siervos y escucha sus sinceras súplicas, por eso es importante que contemos a Jehová nuestros temores o preocupaciones. Expresarnos con franqueza nos ayudará a reforzar nuestra confianza en Dios y en que su voluntad sin falta se realizará. Incluso si de momento no entendemos completamente el desenvolvimiento de algunos sucesos o la razón por la que el propósito de Dios se desarrolla a cierto ritmo, podemos expresarle en oración nuestra total confianza en que nada escapa a su control.

¿Qué otras perlas espirituales ha encontrado en la lectura bíblica de esta semana?

Cuando los babilonios, mandados por Nabucodonosor, invadieron Judá  entre 609-607 a. E.C., Lakís y Azeqá fueron las dos últimas ciudades fortificadas que cayeron antes que Jerusalén fuese tomada según leemos en Jeremías 34:6, 7. Aquí podemos encontrar dos hechos importantes, primero la exactitud histórica de la biblia, por ejemplo las llamadas Cartas de Lakís escritas en fragmentos de cerámica, dieciocho de las cuales se hallaron en Tell ed-Duweir en 1935 y tres más en 1938, parecen estar relacionadas con este período. Una de estas cartas, probablemente dirigida por una avanzada militar al comandante que estaba en Lakís, dice en parte: “Vigilamos las señales de Lakiš, según las indicaciones que mi señor dio, pues no vemos Azeqah”. Este mensaje da a entender que Azeqá ya había sido tomada, pues no se recibían señales desde allí. También es interesante que casi todas las Cartas de Lakís legibles contienen expresiones como: “¡Quiera Yahweh [????] que mi señor oiga hoy buenas noticias!”. (Óstracon IV de Lakiš.) Este segundo hecho muestra que en aquel entonces estaba muy extendido el uso del nombre de Dios. (La Sabiduría del Antiguo Oriente, pág. 252.)